Páginas vistas en total

martes, 16 de agosto de 2016

PROGRAMACIÓN FEBRERO - JUNIO 2018

AL MAESTRO CON CARIÑO
(To Sir, with Love. Reino Unido 1967)
Director: James Clavell
Con: Sidney PoitierChristian RobertsJudy GeesonSuzy KendallLuluFaith BrookGeoffrey BayldonEdward Burnham.
Guión: James Clavell. Fotografía: Paul Beeson. Música: Ron Grainer.
Mark Thackeray, un ingeniero negro sin trabajo, acepta un empleo como profesor de un grupo de estudiantes bastante conflictivos en una escuela de la periferia de Londres. Sus alumnos son insolentes y groseros pero, en el fondo, no tienen malos sentimientos. Al principio intenta ganarse su confianza utilizando los métodos tradicionales, pero fracasa tan estrepitosamente que no tendrá más remedio que recurrir a otras fórmulas.
James Clavell, que escribió el guión y la dirigió, tenía bien claras las ideas: menos es más. Se limita a ser el cronista de una historia, en donde lo más importante no son las peripecias y revueltas argumentales (de hecho, la trama es bastante escueta, y al cabo de sus cuantos minutos, en realidad no ha pasado mucho), sino la actitud de los personajes frente al conflicto "patéame vs. edúcame". Cada anécdota está resuelta con diálogos cortos y certeros, y luego a otra cosa. De este modo, el filme se hace enormemente ágil, incluso para los estándares de hoy en día. La filmografía de James Clavell no es demasiado frondosa, en parte porque ha compartido su tiempo con su vocación de escritor, pero también, tres años después, nos dejó otra joyita cinematográfica, la muy apreciable "El último valle", para demostrarnos que es un cineasta de fuste, de ésos que sin hacer grandes alardes de dirección ni de confección de arteserié, crean películas que son verdaderos rectos al mentón.
Un pequeño clásico el que nos obsequia la Columbia, película disfrutable, aceptable, que tiene el gran dato de ser el primer, y hasta no hace mucho el único, galardón de la Academiza que se le daba a un actor de color, y muy probablemente el más significativo y valioso de los hasta ahora entregados.
DESPUÉS DE MAYO
(Après mai. Francia 2012)
Director: Olivier Assayas
Con: Lola Créton, Dolores Chaplin, Victoria Ley, India Menuez, Nathanjohn Carter, Nick Donald, Clement Metayer, Carole Combes, Felix Armand, Mathias Renpou, Félix de Givry.
Guión: Olivier Assayas. Fotografía: Eric Gautier.
París, principios de los años 70. Gilles, un joven estudiante de 18 años, está inmerso en la efervescencia política y creativa de la época, marcada por los recientes cambios sociales propiciados por el Mayo del 68. Como sus compañeros, se debate entre el compromiso radical y sus aspiraciones más personales. Los encuentros amorosos y los descubrimientos artísticos conducirán a Gilles y sus amigos primero a Italia, y posteriormente a Londres. A lo largo de ese viaje vital se verán obligados a tomar decisiones cruciales para encontrar su lugar en una época turbulenta y cambiante. 
En Après Mai, Assayas vuelve a hacer la crónica de una época concreta, pero en este caso resulta transparente que ha vivido aquello que nos está narrando, que su testimonio es de primera mano, que casi todo es autobiográfico. Comienza en el París de 1971, tres años después de que aquel espontáneo Mayo del 68 intentara cambiar el estado de las cosas y lograra poner muy nervioso al Estado. Sigue los pasos de un adolescente y de sus compañeros del liceo. Habla con la credibilidad y sensibilidad de un tiempo protagonizado por la confusión ideológica, el enfrentamiento violento con el orden, el descubrimiento a tientas de la vida, el sexo, el amor, la rebeldía y la política, el desorden anímico y la necesidad de identificarse con algo que marcan los caminos iniciáticos.
Estos muchachos, que son hijos de la burguesía ilustrada, descubren pronto el salvajismo del orden reprimiendo las manifestaciones, ejercen la subversión clandestina, deben escaparse de Francia antes de que les detengan por haber dejado malherido a un guardia, en su militancia ideológica pasan del trotskismo al maoísmo y acaban en el anarquismo situacionista. El vagabundeo por placer o por necesidad también lleva a algunos de ellos al misticismo orientalista, al enganche a la droga dura, a buscar el nirvana en Nepal y sitios así. También aspiran a la creatividad, a contribuir a la causa revolucionaria haciendo documentales y películas militantes, pintando, haciendo graffitis, confundiendo frecuentemente el panfleto con el arte. Y se enamoran, viajan, se separan, se reencuentran, abortan, alucinan, militan en el dogma, dudan, algunos se pierden definitivamente en el peligroso camino.
Olivier Assayas recrea esas vivencias sin intentar poetizarlas, sin maniqueísmo, sin dar doctrina, desvelando las luces y las sombras de una generación que creía posible cambiar el mundo, convencida de que sus motores vitales debían de ser el riesgo, la insumisión y la experimentación. Riesgo relativo ya que los protagonistas de esta película en su viajera existencia y su búsqueda de sí mismos, curiosamente siempre encuentran techo y sustento. Se supone que tienen amigos molones en todas partes y que nunca les falta el cheque de sus instaladas familias para sufragar su camino errante.
Todo es reconocible en Après Mai, los personajes, el lenguaje, las actitudes, el aroma y los fetiches de una generación muy concreta. La mirada de Assayas te deja una sensación más agria que dulce, es un testimonio sobre la mezcla de verdad y de impostura, de incertidumbre y búsqueda, de arrogancia y desamparo. De esas cosas que marcan la adolescencia y la juventud. (Carlos Boyero. El País)
BAJO LOS ADOQUINES ESTÁ LA PLAYA
(Unter dem Pflaster ist der Strand. Alemania 1975. 103 mins.)
Dirección: Helma Sanders-Brahms
Con: Grischa Huber, Heinrich Giskes, Ursula von Berg, Gesine Strempel, Traute Klier-Siebert, Barbara Finkenstädt, Heinz Hoenig, Günter Lampe.
Guión: Heinrich Giskes, Grischa Huber, Helma Sanders-Brahms. Fotografía: Thomas Mauch.
Berlín, 1974. Drama feminista en el que los protagonistas, Grischa y Heinrich, 
son dos actores de teatro que se quedan encerrados accidentalmente una noche en la sala de ensayo. Él trata de seducirla, ella lo rechaza. Más tarde, ella deja a su marido y se acuesta con Heinrich, la relación se consolida y deciden tener un hijo. Ella inicia un proyecto periodístico entrevistando a madres trabajadoras, centrándose en cómo equilibrar el trabajo y la familia y profundizando en sus historias de índole sexual. La historia se desarrolla en un contexto germano de agitación política de izquierdas.
Tomando el título de una famosa pintada en las paredes de París durante el Mayo del 68 (Bajo los adoquines está la playa), el fime de Sanders-Brahms 'dramatiza desde una perspectiva feminista las tensiones en la Alemania de los años 70 entre lo personal y lo político. Aquellos que esperen simple "entretenimiento" encontrarán la película demasiado didáctica, incluso tosca y obtusa. Aquellos que interpreten el cine como un instrumento para la reflexión hallarán la película provocadora y gratificante. Encerrados accidentalmente dentro de su sala de vestuario, una noche, Grischa y Heinrich, actores de una obra teatral experimental sobre una tragedia griega, utilizan este encierro inesperado en sus vidas cotidianas para iniciar una relación. Aunque la película ilustra explícitamente el núcleo utópico de su pasión sexual, tanto Grischa como Heinrich siguen teniendo dificultades para conciliar su activismo político durante 1968 y 1969 con su existencia actual, dividida entre el trabajo y el ocio, la política y la vida privada. Heinrich, que es más bien infantil y egoísta, se la pasa leyendo El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado de Engels, pero a medida que emocionalmente se aleja de la monogamia también pierde interés por la participación política directa. Grischa, sin embargo, pasa su tiempo libre con obstinación grabando entrevistas sobre las vidas de las mujeres trabajadoras, prestando especial atención a los problemas reproductivos, como el aborto. Su compromiso con la política como forma de vida cobra sentido en su relación tanto en el terreno afectivo como en el práctico, y sin embargo, la película no ofrece soluciones fáciles al problema de la armonización del activismo político con la vida doméstica en una sociedad capitalista. (http://retentionalfinitude.blogspot.com.es/2010/02/helma-sanders-brahms-under-pavement.html)
UNA VIDA SALVAJE.
(Das wilde Leben. Alemania 2007. 114 mins.)
Director: Achim Bornhak
Con: Natalia Avelon, Mathias Schweighöfer, David Scheller, Alexander Scheer, Milan Peschel, Georg Friedrich, Friederike Kempter, Victor Norén.
Guión: Uschi Obermaier (Autobiografía). Fotografía: Benjamin Dernbecher. Música: Alexander Hacke.
La película recrea la vida de la ex modelo alemana Uschi Obermaier, una famoso modelo de los años 60~70, que tuvo relaciones sexuales con muchos famosos (Mick Jagger, Keith Richards, etc…), y que vivió intensamente esos años de convulsión social.
Uschi Obermaier (nacida 1946 en Múnich) es una ex-modelo y actriz alemana. Junto con otros, es protagonista del movimiento contracultural en Alemania en 1968. Se considera un icono sexual de la llamada "generación de 1968" y la diosa hippie de la revolución sexual. Después de ser descubierta por la revista "twen", Obermaier se trasladó a la sede de Kommune 1 en Berlín y fue compañera del activista Rainer Langhans. Obermaier no era vista por la mayoría en la oposición como uno de sus activistas, pues no participó en las campañas de feministas radicales, como otras mujeres y amigos de la Kommune 1. Fue mejor conocida por sus apariciones en revistas como la alemana "stern", en que apareció desnuda abiertamente y usando marihuana. Obermaier fue probablemente la más conocida groupie alemana de la década de 1960. Se cuenta que tuvo romances con Keith Richards y Mick Jagger de los Rolling Stones. La película recrea esos años, asimismo como su posterior romance con el aventurero y bohemio Dieter Bockhorn, que los llevó a recorrer juntos durante años Asia, Estados Unidos y México en autobús propio, entregándose a una vida de excesos continuos.
Creo que en mi vida he visto tres cintas sobre la vida de modelos: una fue la graciosa pero muy mala cinta de acción Domino, sobre la modelo convertida en caza-recompensas; otra fue la muy conocida cinta para televisión Gia, famosa por las escenas de lesbianismo de Angelina Jolie más que por su historia; y ahora tengo la oportunidad de ver Das wilde Leben, que se podría traducir como La vida salvaje, que nos cuenta la historia de la sexy bomba alemana de los 60's y 70's Uschi Obermaier.
Sinceramente nunca esperé ver una cinta de la calidad que presencié. Es realmente una película de alta factura, un trabajo concienzudo de casting, realización y montaje, con interpretaciones fuertes y profundas y con el morbo que produce no solo conocer la vida íntima de esta mujer sino de sus amantes, en especial de Keith Richards, guitarrista de los Rolling Stones. Hablando de esto, es una cinta tan cercana al rock, que debo recomendar su banda sonora, una exquisita colección de piezas musicales que además me hace reflexionar en el sentido de las últimas cintas alemanas que he visto: todas han estado acompañadas de buenas bandas sonoras ya sea de rock u otros géneros, pero todas con un muy buen gusto.
Lo interesante de esta cinta es que nos presenta a Uschi, tal vez la mujer más influyente en la generación del 68, no precisamente por su intelecto sino por su abierta búsqueda de libertad, y nos revela a un ser humano que sufre las consecuencias de este libertinaje y que, aunque no se arrepiente de sus actos, la tragedia que estos suscitan sirve para aterrizar a la protagonista de lo ideal a lo real y no como en Gia, donde los familiares la muestran como una víctima de su entorno y como si ella no fuera consciente de nada (me gustaría saber que pensaría Gia si hubiera podido ver ese atrevimiento).
Natalia Avelon nos ofrece más que su hermosura en este difícil papel lleno de dolor y desnudos, pero dentro de las actuaciones lo que más me sorprendió fueron los actores que interpretaron a Mick Jagger y Keith Richards -de un parecido sorprendente-, este último parte importante de la trama ya que fue uno de los "novios" permanentes de Uschi, quien por varios años lo siguió por el mundo junto a otras groupies, en una época en la que el músico estuvo consumido por la heroína.
Una escena para no olvidar y que nos resume la vida de Uschi en estos años es la que nos muestra un detalle de la habitación de hotel de Richards: una mesa con cocaína, una correa y jeringa de heroína, un revólver, una guitarra y la ropa interior de ella.
Uschi es una sobreviviente de su propio destino, una mujer que maduró a los golpes y que hoy vive una vida normal como diseñadora de joyas en California, una mujer que tuvo una vida de placer y locuras, un símbolo europeo para toda una generación que sufrió y pagó caro el precio de su propia fama y que nos regala un capítulo importante en la historia del hippismo (un hippismo que como vemos aprovechaba las cámaras para acelerar sus propósitos) y en general del último movimiento contracultural de Occidente. (Yonred: Placeres Privados)
NACIDOS PARA PERDER
(The Born Losers. E.U. 1967)
Director: Tom Laughlin
Con: Tom Laughlin, Elizabeth James, Jeremy Slate, William Wellman Jr., Jack Starrett, Paul Bruce, Robert Cleaves, Paul Prokop, Robert Tessier, Jeff Cooper, Stuart Lancaster, Anne Bellamy, Gordon Hoban, Susan Foster, Janice Miller, Julie Cahn, Jane Russell.
Guión: Elizabeth James. Fotografía: Gregory Sandor. Música: Mike Curb, Davie Allan.
Una banda de motoqueros liderada por Danny Carmody aterroriza a una ciudad del sur de California. Ahora los vandalos se han obsesionado con Vicky Barrington, una adinerada y desinhibida muchacha que se pasea en bikini con su moto por la ciudad. Mientras la acorralan, Vicky llega hasta donde se encuentra Billy Jack – un indio mestizo que doma potros en la zona -, y éste logra defenderla. Pero la banda ha jurado tomarse la revancha con Billy, y ahora han comenzado una oleada de vandalismo, violando a cinco muchachas y amenazando a sus familias para que no se presenten ante las autoridades. Y no pasará mucho tiempo antes que Billy Jack vuelva a interceder, pero esta vez haciendo justicia por mano propia.
En la época en que las bikers movies aún tenían gasolina, apareció un tipo con un libreto que había escrito en 1954 y que consiguió el aval de la AIP para materializarlo. Era Tom Laughlin, un actor secundario de los años 50 y que desde principios de los 60 que no hacía filme. Los ejecutivos de la American International Pictures financiaron su proyecto, y el mismo terminó siendo un sorpresivo éxito de taquilla. Tal sería el suceso del personaje que terminaría por tener su propia saga, con cuatro filmes en total producidos hasta 1977.
Si no fuera por Tom Laughlin y las chicas en bikini Nacidos Para Perder merecería la picota. Aun así, es medianamente divertida en un sentido bizarro, ya que todo es tan mediocre que da material de sobra para sacarle el cuero. Resulta increíble que Laughlin haya podido hacer carrera con un comienzo tan terrible, pero el público manda y Billy Jack sería el héroe de una generación. Lamentablemente Laughlin no sería muy bueno haciendo negocios y en 1977 quebraría, vendiendo los derechos de las películas. En 1986 comenzaría a rodar una quinta película, la que quedaría inconclusa por falta de fondos. Y hoy se mantiene ocupado participando en la política aunque de manera cada vez más espaciada, ya que está muy grande (79 años) y padece cáncer. Un opaco ocaso para quien fuera, en su momento, un ícono de multitudes.
DANIEL
(Daniel. E.U./Reino Unido. 1983. 130 mins.)
Director: Sidney Lumet
Con: Timothy HuttonMandy PatinkinLindsay CrouseEdward AsnerEllen BarkinJulie BovassoAmanda PlummerTovah FeldshuhCarmen MathewsDavid MarguliesMaria TucciColin StintonPeter Friedman.
Guión: E.L. Doctorow sobre su novela The Book of Daniel. Fotografía: Andrzej Bartkowiak. Música: Bob James.
Daniel es hijo de Paul y Rochelle Isaacson, que fueron ejecutados en los Estados Unidos, 1950, acusados de ser espías soviéticos. En los años 60, Daniel, al que la vida de sus padres ha marcado profundamente, milita en el movimiento pacifista. 
Adaptación de la novela de E.L. Doctorow, a cargo de él mismo. La trama se inspira en la historia real del matrimonio Rosenberg, que vendieron secretos científicos relacionados con la seguridad nacional a los rusos, motivo por el que fueron condenados a muerte. El Daniel del título es su hijo, que en los años 60 está envuelto en el movimiento pacifista, y al que el comportamiento de los progenitores ha marcado hondamente.
Título notable de Sidney Lumet, cuyo tema central definía el director del siguiente modo: "¿Quién paga las pasiones y compromisos de los padres? Ellos, pero también los hijos, que nunca escogen esas pasiones y compromisos." Años después Lumet exploraría las mismas cuestiones suscitadas por el idealismo de izquierdas, y el fracaso del que a veces va acompañado, en Un lugar en ninguna parte.
EL GRAN SUEÑO
Il grande sogno. Italia 2009. 101 mins.)
Director: Michele Placido
Con: Riccardo Scamarcio, Laura Morante, Michele Placido, Luca Argentero, Jasmine Trinca, Silvio Orlando, Marco Iermanò, Brenno Placido, Alessandra Acciai, Massimo Popolizi, Federica Vincenti.
Guión: Doriana Leondeff, Angelo Pasquini, Michele Placido. Fotografía: Arnaldo Catinari. Música: Nicola Piovani.
En 1968, los jóvenes italianos soñaban con cambiar el mundo; era aquel un tiempo en el que las normas se violaban, se reivindicaba el amor libre y todo parecía posible. Nicola, un atractivo joven de Puglia, a pesar de que sueña con ser actor, se hace policía y acaba introduciéndose en calidad de "topo" en el agitado mundo estudiantil. En la universidad conoce a Laura, una joven de familia católica de clase media y, además, una estudiante brillante y apasionada que sueña con un mundo sin injusticias. Allí también conoce a Libero, un estudiante y trabajador líder del movimiento estudiantil que sueña con la revolución. (FILMAFFINITY)
El director y actor (La piovra, L´odore del sangue) Michele Placido (Romanzo Criminale) centra su historia en el año 67 y año 68, en Italia, en la ciudad de Roma, donde los estudiantes tomaron las universidades para manifestar su desacuerdo ante lo que veían. La muerte del Che está fresca (9-10-1967), la autoridad siguie siendo despótica, se cometen crímenes en Vietnam y Camboya, y los jóvenes, quieren cambiar las cosas, hacer ruido, manifestarse, agitar las conciencias de sus compañeros de aula y del resto de la población. Se sienten unos privilegiados porque solo los burgueses pueden acceder a la universidad y quieren cambiar esto.
El trío protagonista lo conforman Nicola, policía que sueña con ser artista, quien se enamora de Laura proveniente de una familia típica de la acción católica, la cual a su vez cae rendida ante la belleza y oratoria de Libero, lider estudiantil solvente en arengar a las masas.
Ese gran sueño del título que consiste en querer cambiar las cosas que nos disgustan es también el que tiene Nicola, pero a nivel particular, el de dejar el cuerpo de policía y hacer lo que en verdad le gusta que es actuar.
El momento histórico está presente en la historia pero no es determinante, de ahí que a pesar de los mítines estudiantiles, la película no pretenda ni explicar ni convencer a nadie de nada, rehuyendo cualquier didactismo. En esos meses convulsos, durante el encierro, los jóvenes estudiantes se enamoran, tienen relaciones sexuales, se definen en muchos terrenos, ese tiempo supone un paréntesis existencial, antes de que todo vuelva de nuevo a su sitio.
La buena labor interpretativa de Jasmine Trinca y Riccardo Scamarcio hacen que la historia no resulte en exceso soporífera, ya que visto que no es una película discursiva, donde el diálogo tiene poca importancia, resta conformarse con ver como los personajes, los cuales dicho de paso pecan de tópicos y nula complejidad, interactúan, gozan de la vida cuanto pueden, se comprometen, todo ello en un proceso doloroso, pues como se verá, el compromiso se paga caro y el seguimiento de los sueños también, por cuanto Laura verá cómo se deteriora la relación con su padre y como la enfermedad tenderá puentes de entendimiento lo mismo que el acto de madurar.( http://www.cuak.com)
FILME SOBRE EL 68 CAUSA POLÉMICA EN VENECIA… (Nota de La Jornada 10 de septiembre de 2009)
Venecia, 9 de septiembre. Los ideales revolucionarios del 68 fueron el tema de la cinta italiana El gran sueño, que compitió este miércoles en el festival de cine de Venecia.
Del actor y director de cine Michele Placido, la película suscitó debate en la prensa italiana, habitualmente severa con el cine nacional.
La ambiciosa obra de Placido, que narra el deseo de una generación entera de cambiar la sociedad por una más justa y libre, es un filme autobiográfico.
La represión, las detenciones, la fuga, los enfrentamientos entre la policía y los estudiantes frente a la mítica facultad de arquitectura de Roma, la liberación femenina, el derrumbe de la familia tradicional católica y el presagio del principio de los años negros del terrorismo sirven de escenario para una historia de amor entre un policía de provincia que sueña ser actor y una joven burguesa rebelde.
Relato popular y político
Es un relato popular y político, definió Placido, quien se enardeció durante la conferencia de prensa contra una periodista española que criticó haber concedido la distribución del filme a Medusa, empresa del conservador jefe de gobierno Silvio Berlusconi.
¿Pero con quién más podría distribuirlo? Yo no voto por Berlusconi, pero no soporto a aquellos que invaden otros países, mandan la gente a morir y luego hacen un filme para decir que son buenos, gritó alterado.
Es un diario íntimo, sin ideología, explicó Placido, realizador del exitoso Romanzo Criminale y popular actor de la serie de televisión La Piovra, sobre la mafia.
Soy gracias al 68, esos jóvenes fueron mis maestros, contó el director, quien confesó que como el protagonista de la cinta él descubrió su alma artística, el cine de autor y el teatro comprometido.
PUNISHMENT PARK

(Punishment Park. E.U. 1971)

Director: Peter Watkins

Con: Patrick Boland, Kent Foreman, Carmen Argenziano, Luke Johnson, Katherine Quittner, Scott Turner, Stan Armsted, Mary Ellen Kleinhall, Mark Keats, Gladys Golden, Sanford Golden, George Gregory
Guión: Peter Watkins. Fotografía: Joan Churchill, Peter Smoker. Música: Paul Motian.

1970. Se intensifica la Guerra de Vietnam. Hay masivas protestas públicas en Estados Unidos y en todo el mundo. El presidente Nixon declara un estado de emergencia nacional y las autoridades federales tienen potestad para detener a personas que supongan un riesgo para la seguridad interna... (FILMAFFINITY)
Fake documentary de carácter político en una especie de performance sesenta y ochero tardío -donde un francés se habría parado- con estudiantes alborotados sector Berkeley y rodada al estilo Watkins. De manera brillante pone al descubierto los subterfugios legales del sistema y trata a éste como un todo. Medios de comunicación, aparatos policiales, etc.. todo ello a través de un trabajado discursivo expresado con elementos subversivos mediante un texto combativo, denso e inteligente... que 40 años después aguanta estupendamente.
es una gran metáfora sobre la red del sistema y la posición del individuo crítico con él, su compromiso, debilidades y fortalezas supuestas, paranoias, etc.... todo ello ambientado en un campo de castigo en el desierto americano en plena guerra de Vietnam.
 En 1971 filmó Punishment Park, un tremendo documental en el que se plantea la posibilidad de si entrara en vigor la Ley McCarran de 1950, en la que el presidente de los EEUU tiene el derecho de declarar el estado de urgencia sin la aprobación del Congreso, con el consecuente derecho de detener a cualquier individuo que se considere sospechoso de complot contra la seguridad interna del estado. Todos los detenidos serían interrogados por un tribunal, sin tener la opción de libertad bajo fianza, con la única posibilidad de elegir entre ser encarcelados o pasar unos días en Punishment Park, un desierto en California del Sur. 
En la película, los que deciden trasladarse a Punishment Park, disponen de tres días y dos noches para alcanzar una bandera de los EEUU que se encuentra a unos 85 kilómetros de donde están. En ese lugar, deberán esperar hasta las diez de la noche del tercer día para ser liberados (si no han sido capturados con anterioridad). Para motivarles, ya que la temperatura a la que van a someterse podría llegar a los 45 grados durante el día, se les comunica que a mitad de camino encontrarán agua potable. Sin embargo, parte de la horrible condena conlleva a que pasadas las dos horas desde el inicio del recorrido, la policía comenzará a perseguirles, no permitiéndoles escapar de los límites del camino planeado (aunque con la prohibición de golpearles e impedirles a que lleguen a su destino), complicándose la situación debido a unas circunstancias que producirán un aumento del odio entre ambos bandos. Además, durante el tiempo que tienen que esperar los policías para ir tras ellos, el sheriff les enseña diferentes armas que pueden utilizar para disparar si es necesario, algo que hace aumentar las sospechas de que algo no muy bueno puede deparar a los que corren en el Punishment Park. 
Con esta interesante premisa y con la guerra de Vietnam de transfondo, Peter Watkins usa el recurso de la voz en off y divide el documental en tres secuencias paralelas: el grupo que corre por Punishment Park, los policías que los persiguen y otro grupo que es interrogado por un tribunal de urgencia. Este último grupo de jóvenes pacifistas es acusado también por complot contra la seguridad del estado. En él se encuentran un periodista de radio y activista político, un cofundador del Comité contra la guerra y la represión, una cantante y compositora y unos cuantos objetores de conciencia. Todos ellos defienden su causa y no paran de meterse con el sistema y de hablar de la injusticia de las guerras. Y como hizo con sus anteriores trabajos, Watkins utiliza las cámaras de televisión para filmar los sucesos, consiguiendo de esta manera una mayor verosimilitud, con una tensión casi palpable en el cargado ambiente debido a gritos e insultos entre los acusados y los miembros del tribunal. Watkins utiliza también muy bien las severas imágenes del desierto, en las que se siente verdaderamente el calor agotador que deben pasar los acusados, anunciando el narrador a cada rato la temperatura a la que se encuentran. Pero lo que se le puede achacar a este documental es que se hace un poco largo, dando la sensación de que las imágenes de los que huyen por el desierto se repiten demasiado, no creyéndote tampoco que vayan respondiendo a todas las preguntas que les hacen los periodistas durante el recorrido. Y el final, aunque contundente y en parte acertado, se alarga también un tanto. Aún así, Watkins consigue aportar su granito de arena, criticando a la policía, al gobierno y a todo su sistema, provocando opiniones diversas al respecto.
EL GRADUADO

(The Graduate. E.U. 1967. 102 mins.)

Director: Mike Nichols
Con:  Anne BancroftDustin HoffmanKatharine RossWilliam DanielsMurray HamiltonElizabeth WilsonBuck HenryBrian AveryWalter Brooke.
Guión: Calder WillinghamBuck Henry. Fotografía: Robert Surtees. Música: Dave Grusin.

El joven e inseguro Ben acaba de graduarse y ha llegado a su casa de California para pasar unos días. Allí recibe el agasajo de sus padres y amigos de éstos, algo tan desproporcionado que le resulta abrumador. Una noche, la mujer del mejor amigo de su padre, la sexy señora Robinson, lo seduce, y Ben cae inevitablemente en sus redes. El joven y la mujer madura inician una relación sexual a espaldas de todos, yendo a contracorriente de lo establecido y de las normas morales. Pero un día llega a la ciudad la hija de la señora Robinson, Elaine, y los padres de Ben insisten para que quede con ella...
Emblemático film de los años sesenta, con el que Mike Nichols (Postales desde el filoPrimary ColorsCloser), recibió un Oscar al mejor director. Destaca un magnífico guión, muy escandaloso y audaz, y plagado de sutilezas visuales, donde se reflexiona sobre las dudas propias de la juventud, el deseo de rebeldía y placer, y la incomunicación que surge, muchas veces, entre padres e hijos. La sensualidad que desprende Anne Bancroft no es vulgar u obscena, sino sutil; la escena en la que se coloca la media en la pierna ha quedado como icono lleno de significado. Bancroft, Hoffman y Ross, entre otros, también recibieron nominaciones para el Oscar. Destacan las inolvidables canciones de Simon y Garfunkel, con el tema principal 'Mrs. Robinson'. (decine21.com)
REENCUENTRO
(The Big Chill. Lawrence Kasdan 1983. 103 mins.)
Con: William Hurt, Kevin Kline, Tom Berenger, Glenn Close, Jeff Goldblum, Meg Tilly, JoBeth Williams, Mary Kay Place, Jon Kasdan
Guión: Barbara Benedek. Fotografía: John Bailey. Música: Varios.
Después de varios años sin verse, un grupo de antiguos compañeros de Universidad vuelven a encontrarse en el funeral de un amigo común. Con el tiempo, cada uno condujo su vida por un camino distinto. A unos les ha ido mejor y a otros peor, pero siguen conservando en la memoria los buenos momentos que pasaron juntos. Sam (Tom Berenger) es un prestigioso reportero de televisión, Nick (John Hurt) se dedica a la venta de drogas, Sarah (Glenn Close) es una médico volcada con su profesión, y Karen (Jobeth Williams) es una sencilla ama de casa. Están muy sensibilizados con la muerte de su amigo, y aprovechan los días que pasan juntos para restablecer los vínculos perdidos, incluso los amorosos.
Atractiva comedia con un fondo de retrato social, escrita y dirigida por una de las mentes más reputadas en Hollywood: Lawrence Kasdan. Empezó como guionista de las películas de Steven Spielberg y George Lucas. Aquí entrega una película entretenida y nostálgica, con situaciones brillantes, unos diálogos muy cuidados, y una impresionante plantilla artística.
‘Reencuentro’ es un drama intimista con no pocos niveles de riesgo, que se apartaba un poco de lo visto y suponía un precedente muy claro de films como ‘Los amigos de Peter’ (‘Peter’s Friends’, Kenneth Branagh, 1992).
Esta vez Kasdan contó con la ayuda de Barbara Benedek para la escritura del guion. Juntos crean una historia acerca de un grupo de amigos que, tras años sin verse, se reúnen para el funeral de uno de ellos, que se ha suicidado. Dicha decisión apoya además los continuos instantes en los que los personajes se preguntan el porqué de la decisión de su viejo amigo, pensamiento que tal vez camina hacia el desencanto que todos sufren, en mayor o menor medida, en sus respectivas vidas. Todos los que fueron amigos cercanos —y que el paso del tiempo convierte en lejanos, por así decirlo— de Alex deciden pasar juntos un fin de semana, rememorando viejos sueños, rencillas, intentando arreglar sus mundos, perdidos o no, intentando comprender en suma, y aceptando lo que son, sobre todo unidos.
Kasdan hizo que el reparto al completo conviviese antes del rodaje, para que todos se conocieran mejor, y sobre todo, interactuasen entre sí como si se tratase de los personajes del film; esto ayudó muy visiblemente a lo que puede ser considerado uno de los repartos corales mejor compenetrados que se hayan visto en una película, logrando ese pequeño milagro con el que todo actor sueña: ser alguien antes que interpretarle. Ni uno sólo destaca sobre los demás, logrando una naturalidad terriblemente realista, gracias a lo excelente director de actores que es Kasdan, y su puesta en escena, llena de sutilezas y matices, en una película en la que aparentemente no lo necesita.
Kasdan intercala en varios momentos paisajes en consonancia con los sentimientos a flor de piel del íntimo fin de semana. No interrumpen ni estorban en la narración. Apoyan ese visible desaliento que un grupo de amigos siente ante un muy triste hecho, tan natural como terrible siempre, y aunque al final da la sensación de que todo termina como muy bien cerrado —cada uno tomando una decisión con respecto a sus vidas—, lo cierto es que no es así. El punto de partida es la muerte de un ser querido, alguien que ya no está, los caminos tomados suenan a aciertos —atención a la que toma la pareja Close/Kline, atrevida, polémica, y llena de ternura— pero bien podrían ser errores, porque la vida no es justa, pero hay que intentarlo. Y si es en compañía, mejor.
‘Reencuentro’ no carga las tintas, es emotiva, pero con contención, es vitalista, pero sin subrayados, y establece una muy interesante unión entre realidad y ficción, entre pasado y presente, entre los errores y la corrección de los mismos. Todo ello al son de canciones perfectamente elegidas que evocan otro tiempo, otra filosofía. The Rolling Stones, Aretha Franklin, The Beach Boys, Steve Miller Band, Credence Clearwater Revival, entre otros, son la única música que suena en la película, por la que su director empezó a ser entronado. En su siguiente trabajo, un western, Kasdan tiraría la casa por la ventana.
MI HERMANO ES HIJO ÚNICO
(Mio fratello è figlio único. Italia 2007. 108 mins.)
Director: Daniele Luchetti, 2007
Con:  Elio GermanoRiccardo ScamarcioAngela FinocchiaroLuca ZingarettiAnna BonaiutoMassimo PopolizioDiane FleriAlba Rohrwacher.
Guión: Daniele LuchettiSandro PetragliaStefano Rulli. Fotografía: Claudio Collepiccolo. Música: Franco Piersanti.
En 1961, Italia vive una revolución social y económica que no parece afectar a Accio, un adolescente rebelde y problemático que vive en Sabaudia, una pequeña ciudad del Lacio. Sólo por irritar a sus padres, Accio se une a un partido neofascista. Mientras tanto, Manrico, su hermano mayor, es el líder local de la izquierda. La actitud política de Accio avergüenza tanto a Manrico que deja de hablarle a su hermano. La única vía de comunicación entre ellos es Francesca, la novia de Manrico, de la que Accio se enamora perdidamente. Las diferencias y enfrentamientos entre ambos hermanos son el reflejo de una sociedad dividida entre dos formas de entender la política. (FILMAFFINITY)
Mi hermano es hijo único como una continuación del neorrealismo italiano en una contemporánea marcada por una estética “movil” de cámara al hombro y planos subjetivos: primeros planos, traqueteo de los personajes y las situaciones bajo el objetivo de la cámara; que caracteriza y desmarca al film como una creación cuanto menos genuina, que yo no desmarcaría como excepcional respecto de otros productos del cine italiano actual, enfrascados en una dialéctica revisionista y un tanto clásica –y por ende imperecedera-, en pos de una nueva percepción de lo fílmico y de lo social. Pues de lo social se trata: la cinta, una adaptación de la novela “El fasciocomunista” de Antonio Pennacchi, narra la historia de Accio, un joven italiano cuyo azaroso y mudable posicionamiento político respecto a la situación revolucionaria de la Italia de mediados de los años 60 supone toda una alegoría de la división social y a la ausencia manifiesta de fundamentos, en una sociedad que busca cobijo entre la confusión propiciada por la situación traumática tras la guerra. Inicialmente joven aprendiz de cura en un seminario, rápidamente desengañado por la imposibilidad fáctica de una intervención divina en la realidad (que en este caso concreto no puede cambiar a los comunistas que amenazan EE. UU. desde Cuba), así como la ausencia de ortodoxia punitiva dentro de la Iglesia que castigue y contenga sus “crisis de conciencia” (el comienzo de un despertar masturbatorio). Más tarde fascista convencido por un afán de arraigamiento que tiene mucho de provocación a la autoridad paternal por medio de la heterodoxia adolescente, así como un reclamo de la cercanía propia de una costumbre heredada, aunque sea en la forma de la ruina. Y por último comunista reconvertido por amor que continua inmerso en un proceso doble: de destrucción de la alteridad inerte y restrictiva que representa la sociedad y el miedo por la perdida de los seres queridos. Accio nos arrastra a través de una Italia fracturada cuya búsqueda del hogar se materializa finalmente con la obtención por parte de la familia de una casa.
Ganadora de 5 premios Donnatelo de 11 nominaciones, esta película de Daniel Luchetti es una apreciación modesta de aquella famosa cita de Stendahl que reza que “la belleza es una promesa de felicidad”: en este caso la belleza humana y narrativa de este argumento social propone la sincera promesa de pasar un buen rato viéndola.(De ortigademar, primero que PdBeó esta película)
ZABRISKIE POINT
(Zabriskie Point. E.U. 1970. 110 mins.)
Director: Michelagelo Antonioni
Con:  Mark FrechetteDaria HalprinG.D. SpradlinBill GarawayKathleen CleaverRod TaylorPaul Fix.
Guión:  Michelangelo AntonioniFranco RossettiSam ShepardTonino GuerraClare Peploe. Fotografía: Alfio Contini. Música:  Jerry GarciaDavid GilmourNick MasonRoger WatersRichard Wright (II).
Uno de los títulos hippies más conocidos de la época, más que nada por el nombre de su prestigioso director y la banda sonora que incluye temas de Pink Floyd, The Rolling Stones, Patti Page y otros monstruos del rock. Fue producida por Carlo Ponti para MGM con un coste total de siete millones de dólares, y en ella se observa todo el indefinido universo de Antonioni en cuanto a un guión coherente se trata. Se adueñan de todo el metraje los paisajes vacíos y la exacerbada violencia de la sociedad norteamericana.
Influenciada por las turbulencias sociales y raciales de la América de los 60, su acción tiene lugar cuando, tras una revuelta donde muere un policía, un estudiante escapa robando un avión. A pesar de algunos hallazgos de cámara y la banda sonora de canciones antes reseñadas, pasado el tiempo se contempla como un experimento bastante desfasado. (decine21.com)
Zabriskie Point es quizás la película más atípica del director de cine italiano Michelangelo Antonioni. En esta película el director se aleja de la vieja Europa, para retratar el choque entre la sociedad de consumo y los jóvenes revolucionarios americanos, abordando los grandes temas del momento como el amor libre, las drogas,la música y, sobre todo, haciendo una gran crítica y ridiculizando quizás de forma demasiado evidente la sociedad americana.
La película se desarrolla a finales de los 60 durante las protestas estudiantiles en las universidades de California. Mark (Mark Frechette) es un universitario que está cansado de asistir a reuniones en las que se habla sobre las desigualdades sociales y la lucha por el cambio pero no se hace nada. Él es un idealista radical y cree en el uso de la violencia para conseguir un buen fin. Durante una de las protestas Mark cree haber disparado a un policía y huye. Roba la avioneta más bonita y pequeña que encuentra en una pista y se va. Mientras tanto, Daria(Daria Halprin),una joven hippie que cree en la paz y el amor libre, se dirige en su coche hacia Phoenix, donde ha quedado con su jefe que es un gran empresario. Pero primero planea pasar unos días meditando en un pueblo aislado. 
La fuerza de la película reside en las bellas imágenes a cargo del director de fotografía, Alfio Contini, y la música que se funde a la perfección con estas, aportando un gran significado a los espacios vacíos del desierto y a unos personajes con pocos diálogos. Retrata muy bien la vida de los jóvenes de entonces y expone claramente sus ideas. Esto es reforzado por los dos actores principales, Mark Frechette y Daria Halpri, que nunca antes habían actuado y no volvieron a hacerlo, ya que sus vidas tras hacer la película siguieron el mismo camino que las de sus personajes: se enamoraron y se fueron a vivir juntos a una comuna hippie. Mark fue encarcelado después de atracar un banco y murió en la cárcel en 1975. Daria estuvo casada unos años con el actor y director Dennis Hopper y actualmente se dedica a investigar terapias de cura creativas.
En definitiva, Zabriskie Point no es una película de lógica ni de desarrollo, lo importante en ella no es la narración. Quizás pueda resultar algo panfletaria, pero era el grito de Antonioni intentando despertar a los jóvenes, utilizando imágenes bellísimas acompañadas de una gran música, y consiguiendo al final una película de estética sublime y con una narración muy peculiar y única. (Fragmento s del texto de Elvira García-Solera. http://www.entretantomagazine.com)


EL RESTAURANTE DE ALICIA
Alice's Restaurant. E.U. 1969. 111 mins.)
Director:  Arthur Penn
Con: Arlo GuthriePatricia QuinnJames BroderickPete SeegerLee HaysMichael McClanathan.
Guión: Venable HerndonArthur Penn. Fotografía: Michael Nebbia. Música: Arlo Guthrie.
Basada en la vida de Arlo Guthrie y en una de sus canciones. El artista, de pelo largo y con principios anti-autoritarios, se mete en un lío cuando visita a Alicia, una vieja amiga propietaria de un restaurante. Por hacerle un favor, tras celebrar una fiesta en el local, se ofrece para tirar la basura. Al encontrar el vertedero cerrado, arroja todos los desperdicios a un barranco. Cuando la policía local advierte lo que ha sucedido, empieza la búsqueda del delincuente. Arlo será atrapado pero puesto en libertad gracias a sus habilidades en el interrogatorio.
Finalmente, el músico es sorteado para ingresar en el ejército de los Estados Unidos. Para su sorpresa, cuando está rellenando los papeles, encuentra una casilla comprometedora: ¿has sido arrestado alguna vez? Queda claro que las fuerzas armadas no tienen un buen concepto de los que ensucian la vía pública.
A finales de la década de los 60, el clima de cambio social y político llevó a una nueva generación a crear un estilo de vida alternativo. A la edad de 22 años, Arlo emprende un viaje con el que pretende encontrar un lugar para sí mismo y su música. El viaje incluirá una visita a su padre gravemente enfermo en el hospital, actuaciones en Nueva York y diversión con sus amigos Alicia y Ray, que regentan un pequeño restaurante en Stockbridge, Massachusetts. Pero cuando un incidente en el "Restaurante de Alicia" juega un papel importante en la maniobra de Arlo para evitar ser llamado a filas, se desencadenan una serie de acontecimientos que éste considerará un pequeño precio a pagar para conservar su libertad y sus creencias... Basada en una canción del músico folk Arlo Guthrie hijo del legendario Woody Guthrie, famoso por sus baladas de ODust Bowl, esta película rinde tributo a "la generación perdida" e incluye colaboraciones inolvidables de otros músicos folk, como Pete Seeger, que unen su voz a la de Arlo para expresar su opinión sobre la guerra, las protestas y el cambio.
BIENVENIDO A WOODSTOCK
(Taking Woodstock. E.U. 2009. 110 mins.)
Director: Ang Lee
Con: Demetri MartinDan FoglerHenry GoodmanImelda StauntonJonathan GroffEugene LevyJeffrey Dean MorganPaul DanoKelli GarnerMamie GummerLiev SchreiberEmile HirschKatherine Waterston.
Guión: James Schamus. Fotografía: Eric Gautier. Música: Danny Elfman.
Adaptación al cine de las memorias de Elliot Tiber 'Taking Woodstock: A true story of a riot, concert, and a life'. Año 1969. Elliot Tiber, un decorador afincado en Greenwich Village, Nueva York, al que las cosas le van francamente mal, debe volver a su pueblo en el estado de Nueva York para ayudar a sus padres a llevar un viejo motel llamado El Monaco. El banco está a punto de quedarse con el negocio; el padre de Elliot amenaza con quemar el edificio, pero no ha pagado el seguro; y él ni siquiera tiene dinero para llegar a casa de sus padres. Al enterarse de que un pueblo vecino ha dado la autorización para que se celebre un festival hippy de música, llama a los organizadores pensando que puede ser la ocasión de revitalizar el motel. Tres semanas después, medio millón de personas se dirigen hacia la granja de su vecino en White Lake. Elliott está a punto de sumergirse en una experiencia que definirá a toda una generación, cambiará su vida y la cultura pop para siempre.
El Festival de Woodstock, celebrado los días 15, 16 y 17 de agosto de 1969 en White Lake, estado de Nueva York, “tres días de paz y música” que congregaron a más de medio millón de jóvenes, más los que se quedaron en el camino, se ha convertido en icono de una época política convulsa, en que Estados Unidos perdió definitivamente su inocencia y en que el movimiento hippy preconizaba aquello de “haz el amor, y no la guerra”, un deseo despreocupado e ingenuo de alcanzar cierto estado de “nirvana”, difícil de tener luego una encarnación en el mundo real. El taiwanés Ang Lee, con la colaboración de su guionista habitual James Schamus, sitúa Bienvenido a Woodstock en ese contexto, aunque su punto de vista es el del joven Elliot Tiber, cuya intervención fue tan decisiva como inesperada para que pudiera tener lugar el evento. En efecto, las autoridades de la cercana localidad donde se iba a celebrar retiraron el permiso, y Tiber, presidente de la Cámara de Comercio de su pueblo, aprovechó la ocasión de contar con la aprobación de un evento de esa categoría, pero de diminutas dimensiones, para ofrecer el lugar a los promotores del Festival. La idea era ayudar a sacar adelante el miserable motel regentado por sus padres, pero las repercusiones serán mucho mayores, no sólo en lo que se refiere al histórico concierto, sino a las vidas personales de hijo y progenitores.
En realidad el film cuenta con un personaje principalísimo, Tiber -en un libro escrito por él se basa la película-, se nos ofrece su mirada, la del 'descubridor', parecida a la del protagonista de Casi famosos de Cameron Crowe. Lo encarna con acierto el desconocido Demetri Martin, aunque Lee y Schamus hacen algo de trampa al ofrecernos su evolución, especialmente en el descubrimiento de su homosexualidad -tema recurrente en la filmografía de Lee-, que en la realidad ya conocía previamente. A los padres, aunque tengan rasgos esquemáticos, les insuflan poderosa vida Henry Goodman e Imelda Staunton. En cuanto a los demás, no es exagerado decir que son meros comparsas, desde el tronado veterano de Vietnam encarnado por Emile Hirsch al ex marine travestido de Liev Schreiber, pasando por el jefe de la compañía teatral vanguardista Dan Fogler, o al productor musical de Jonathan Groff. Envuelve el conjunto, como es de suponer, la música que jugó papel principal en el Festival -aunque no tanto como en Woodstock, el célebre documental de Michael Wadleigh oscarizado de 1970-, pero también la banda sonora original, muy acertada, de Danny Elfman..
FRESAS Y SANGRE
(The Strawberry Statement. E.U. 1970)
Direector: Stuart Hagmann
Con: Bruce Davison, Kim Darby, Bud Cort, Murray MacLeod, Tom Foral, Bob Balaban, Israel Horovitz, Jess Walton, Andrew Parks, Jon Hill, Jeannie Berlin.
Guión: Israel Horovitz sobre la novela de James Kunen. Fotografía: Ralph Woolsey. Ian Freebairn-Smith.
El filme rescata la emoción de las rebeliones universitarias que sacudieron a Estados Unidos a finales de la década de los 60. Eran huelgas por cambios en las universidades y entre los paradigmas estaban la guerra contra Vietnam, Luther King, Mao, el Che y Robert Kennedy. (FILMAFFINITY)
“The Strawberry Statement” (Las Fresas de la Amargura en su traducción al castellano) del director Stuart Hagmann sea considerada un icono cinematográfico de una época inocente, de un fervor adolescente y de esa rebeldía juvenil que finalmente puede manifestarse como esencial y símbolo de una época.
Estrenada en la convulsa década de los ’70, el film parece reconstruir el mito del héroe juvenil para crear una visión totalmente distinta del tema: su mayor valor consistió en representar las luchas juveniles como emocional, sincera e idealista. Esa búsqueda esencial del eterno anhelo juvenil de brindar un rostro nuevo al mundo adulto.
El director, con un pulso impecable, simplificó la propuesta y la llevó más allá de la traducción imprecisa de alguna ideología política. El film tiene la capacidad de expresar con una pureza y una autenticidad que sorprende, el anhelo fugaz e inevitable de la juventud que reforma, transforma y trata de encontrar una nueva estructura donde pueda encajar su visión renovadora, sin lograrlo siempre. La trama, sencilla y con un guión lineal, se debate entre mostrar el mundo hipócrita que asume la protesta como necesaria pero a la vez la reprime. Una interpretación del juego de poderes, entre el hombre y el sistema que la trama intenta reflejar y solo logras a medias.
Pensada y construida como un manifiesto sobre la inconformidad, la rebelión y el desencanto filosófico, “Fresas y sangre” analiza además, la percepción del poder como símbolo del mundo adulto, una salvedad que el director utiliza como reflejo del discurso social que sostiene la película en sus momentos más inspirados. No se trata sólo de una reflexión sobre la necesidad de la juventud de enfrentarse al sistema como una forma de supervivencia, sino además una noción muy clara sobre la desesperanza que marca la línea entre un cierto ideal existencialista y la desesperanza. Una conclusión que convierte la película en una dolorosa comprensión de los alcances de la experiencia, la madurez y la pérdida de esperanza. Más de un crítico, interpretó el mensaje de la película como pesimista, a pesar del tono vívido, colorido e incluso ingenuo de la puesta en escena. No obstante, el guión no se desmarca con facilidad de cierta complejidad circunstancial y asume el drama como un mensaje en sí mismo. Los personajes de Hagmann parecen sometidos a una desgarradora travesía hacia una ruptura invisible con su compresión sobre el mundo y sobre la identidad. Es entonces cuando la película cobra verdadero valor: La noción sobre la inocencia de toda lucha idealista alcanza el drama puro y se transforma en un concepto sensible sobre los dolores de la madurez y la inevitable caída en desgracia que se padece durante la primera juventud.
El discurso de Hagmann continúa siendo tan actual como para que la premisa esencial del film continúe teniendo vigencia. La batalla entre la noción de la esperanza colectiva en contraposición con la durísima visión pragmática a la que se enfrenta, sigue siendo el reflejo de una comprensión muy profunda sobre hecho y el trasfondo del sufrimiento cultural al que todo joven se enfrenta alguna vez. Por supuesto, el tema no está resuelto y tampoco se analiza a profundidad: nadie podría decir que Hagmann convierte a su película en un manifiesto sobre el conflicto y los terrores de la sociedad convertida en enemigo. De hecho, la película adolece de sustancia, pero en su inocencia y sencillez, logra expresar de manera muy clara esa necesidad de mirar a la sociedad más allá del cinismo adulto, de la concepción levemente formal de la historia que se construye cada día. Con sus estereotipos inevitables de jóvenes melenudos y actitud retadora, el film demuestra que la visión de una época se construye a través de sus escenas, de la expresión más sincera de lo que una época pudo ser y quizás fue, en el recuerdo de quienes la vivieron. Con su soundtrack imperdible, que incluye a consagrados como Janis Joplin, Neil Young y Joni Mitchell, la película refunda el mito de la rebeldía estudiantil con una frescura inesperada. Sus escenas rápidas y un poco atropelladas, parecen describir esa turbulencia de los años sesenta y principios de los setenta. El mundo cambiaba muy rápido y la sociedad no parecía consciente de la manera como esa cultura de la deconstrucción le afectaba. Quizás por ese motivo, la protesta se convirtió no solo en expresión de descontento, sino en esa mirada analítica del tiempo que parece asumir motivos propios para crear una visión de la realidad totalmente desconocida.
Con frecuencia se acusa a “Fresas y sangre” de manipuladora, romántica o superficial. Probablemente lo sea, pero también, es un documento único de la ingenuidad de una época que se concibió a sí misma como reformadora. Para la generación que representa la película, todo elemento cultural debía ser destruido y reconstruido y en medio de ese ciclo, surgió una esperanza brumosa, abstracta y profundamente diametral con respecto al futuro inmediato. Sin duda, fue una época donde la juventud pareció ser una parte intrínseca de la identidad cultural a medio formarse, esa efervescencia del querer hacer y demostrar el valor a partir de la lucha por el ideal. Por supuesto, más allá de esa inocente visión, se encuentra la realidad. La dura, la concreta, la quizás cínica. Y el director no parece olvidarlo: la escena final de la película, de una carga emocional que sorprende y que desmiente la aparente sencillez del resto del argumento deja muy claro que más allá de la necesidad de reinvención, de la alegría del renacimiento de una época de prodigios sociales, se encuentra la realidad, la que carece de belleza y quizás de simple humanidad. (Por Aglaia Berlutti. https://nalgasylibros.com)
EASY RIDER. BUSCO MI DESTINO
(Easy Rider. E.U. 1969. 94 mins)
Director: Dennis Hopper
Con: Peter FondaDennis HopperAntonio MendozaPhil SpectorMac MashourianWarren FinnertyJack NicholsonKaren Black.
Guión:  Peter FondaDennis HopperTerry Southern. Fotografía: László KovácsBaird Bryant.
Peter Fonda y Dennis Hopper interpretan a dos amigos apasionados por vivir la vida sobre sus motocicletas. Juntos se deciden a atravesar Estados Unidos de costa a costa, con la intención de conocer de cerca su país y pasarlo bien. Durante el camino, les suceden una serie de avatares, mediante los que se va generando un retrato de la forma de vivir y de pensar en los años 60. Atraviesan ciudades grandes y pequeñas, pueblos de gente tranquila y florecientes comunidades hippies. Ellos se integran en cualquier ambiente. Pasan una temporada en una casa de Nueva Orleans, con un grupo de hippies que se dedican a la droga y al sexo. 
Una película legendaria para los amantes de las motos y, sobre todo, para los admiradores de la cultura y la forma de vida de los jóvenes contestatarios de los 60. Fue la ganadora del premio al mejor director novel en el Festival de Cannes en 1969, para Dennis Hopper. Muy aclamada por el público. Una interesante visión de una época desenfadada, dominada por una serie de valores que rompían con la seriedad de los años anteriores. La música es un componente fundamental. Aparecen grupos como The Birds o Steppenwolf. Jack Nicholson realiza una aparición brillante. (decine21.com)
La película que en su momento conmocionó a la industria y a una generación marcó una época, como reflejo del movimiento "hippie", libertado, contracultural del final de los años sesenta, A pesar de su categoría puntual, ha seguido gozando de éxito en diferentes reestrenos, y habría que preguntarse si puede resistir bien en el nuevo siglo, seguramente sí, en medio de las nuevas tendencias cíclicas, el "neohippismo" y la resurrección de viejos grupos y músicas antiguas.
El argumento, al fin y al cabo, es tan actual como este: Dos bandarras melenudos hacen un buen trapicheo de droga. Con el dinero que ganan, deciden irse con sus motos a Nueva Orleans. Por el camino se meten de todo, conocen a un divertido abogado alcohólico que se les une, a guapas chicas, tienen experiencias con psicotrópicos y algún que otro tropiezo y un mal final con brutos representantes de la América profunda.
Podríamos hablar de una "road movie" más si no fuera por su categoría de símbolo de unos tiempos que la llevó rápidamente a convertirse en mito y referencia estética para una sociedad joven y todavía revolucionaria. Para gente que lo mismo colgaba en su habitación el "póster" de "Che", que el de los dos tipos con sus motos mirando al sol, el uno disfrazado de general Custer, el otro con los colores de la bandera americana, desafiando las creencias sagradas de sus antecesores. Era una versión trepidante y nueva del viaje iniciático en búsqueda de la libertad, la aventura sobre ruedas sostenida sobre su pensamiento libre y alegre que acababa chocando con las fuerzas trogloditas de la vieja moral.
Dennis Hopper traía una trayectoria de chico rebelde, de actor airado de final de los cincuenta. Esos jóvenes atormentados y respondones que se enfrentaban a las normas. Colega del máximo representante del género, James Dean, con el que se zambullía en bañeras llenas de ginebra en compañía de Natalie Wood (con consecuencias abrasivas para los genitales de esta última), había almacenado un bagaje de irreductibilidad y descaro suficiente como para afrontar la convulsión ideológica de los sesenta apurando sus propuestas hasta el límite. Mientras unos hablaban de paz y amor, él simplemente había nacido para ser salvaje, para exprimir las ideas de la libertad vorazmente. Tuvo la suerte de encontrarse con Peter Fonda, niño de papá con dinero, inadaptado y aficionado a plegarse a las modas, envidioso de la fama de su hermana Jane como heroína contestataria, y con ganas de invertir en algún asunto sonado. Se juntaron el hambre y las ganas de comer, y con un puña do de dólares se lanzaron a una aventura tan apasionante como incierta.

Al parecer el rodaje fue algo más que caótico. El guión consistía en algunas notas dispersas y el equipo tenía que fiarse de Hopper, que lo tenía todo en su cabeza. Una cabeza que por otra parte estaba habitualmente zarandeada en su interior por sustancias diversas. Nadie sabía muy bien lo que hacía, así que se dejaba llevar, por el cine, por la carretera, por las motos. Habría que mencionar con todo merecimiento a las otras dos protagonistas, las motos "chopper", las famosas "hogs" de la época, Harleys de amplios depósitos y cómodo asiento con respaldo casi a ras de suelo, con manillar en curva para manejar en reposo y una rueda delantera que se perdía en el horizonte del camino sostenida por unas horquillas casi infinitas. Ya no se suelen ver, pero hay que reconocer que gran parte del éxito de la película es suyo, como también de la música, con Stephen Wolfe sonando a tope..(Fragmentos del texto de Jorge Berlanga. http://www.elcultural.com)
AHORA O NUNCA
(Come te nessuno mai. Italia. 1999. 88 mins.)
Director: Gabriele Muccino
Con: Silvio Muccino, Giuseppe Sanfelice, Giulia Steigerwalt, Giulia Carmignani, Luca De Filippo, Anna Galiena, Enrico Silvestrin, Giulia Ciccone, Simone Pagani, Caterina Silva, Sara Pelagalli, Saverio Micheli, Cristiano Iuliano, Nicola Campiotti, Alessandro Palombo, Valeria D'Obici, Diane Fleri, Giorgio Pasotti.
La vida de Silvio, un adolescente de dieciseis años, sufre un vuelco cuando el colegio al que asiste es ocupado por un comité estudiantil. Más interesado por las chicas que por la política, Silvio sueña con encontrar el amor. A pesar de los cambios políticos y de la incomprensión de sus padres, conseguirá por fin encontrar a la chica de su vida. (www.filmaffinity.com)
Los chicos de hoy no son demasiado distintos que los de otras épocas. Han cambiado las modas, los lenguajes… pero los valores adolescentes persisten. En primer siempre está el amor y, por qué no, el idealismo de construir un mundo mejor. Lo que puede cambiar son las dificultades que se van cruzando en sus vidas: la relación con los padres y con los adultos en general, una escuela con valores antiguos, la pérdida de la virginidad. De esto y no mucho más se trata "Ahora o nunca", con un planteo simple y sin demasiadas ambiciones sociológicas.
Silvio es un adolescente de 16 años en pleno despertar sexual, que está más interesado en las chicas que en la política. Cuando sus compañeros de colegio deciden tomar el edificio para protestar, vislumbra la opotunidad perfecta para encontrar a su alma gemela.
Él y Ponzi, amigos y compañeros de la clase, intercambian en confianza sus visiones del amor y del sexo. Silvio sueña con su gran amor idealizado, cuando casi sin darse cuenta termina involucrándose en la causa, ante la solidaridad de sus compañeros, sumándose a la lucha por lo que considera justo. Y el amor llega, junto con su ansiada primera experiencia sexual, pero en ese contexto de compromiso social.
Este film completamente independiente, que fue presentado anteriormente en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires, demuestra como una pintura que el amor y las pasiones adolescentes pueden estar cerca de las realidades del mundo de los adultos. (http://fotograma.com)
En tiempos como los que corren, en que lo usual es acceder a un cine artificioso, acartonado y ajeno, Ahora o nunca resulta una propuesta vivificante. En primera instancia porque no es difícil sentirse identificado con alguno de los personajes de la película del italiano Gabriele Muccino. Pero también porque, si esto no sucede, al menos el espectador reconocerá tipos humanos, situaciones, frases y pensamientos que le son familiares. Esa proximidad con los personajes y con lo que se nos cuenta acompaña a cada tramo de la narración.
Cabe situar a Ahora o nunca en el contexto de las formas que ha elegido casi siempre el cine para abordar la problemática adolescente. A grandes rasgos se podrían reconocer dos grandes grupos, ambos provenientes del cine norteamericano. Por un lado las comedias de colegios secundarios, con fórmulas desgastadas y personajes que aspiran a conseguir pareja, debutar sexualmente o ser aceptados en determinados círculos. Por el otro las versiones algo más "oscuras", animadas por jóvenes atormentados por la incomprensión del mundo adulto -muchas veces vacío- que los rodea. Y que ante semejante situación se inclinan por buscar refugio en las drogas o el alcohol. En este marco, Ahora o nunca se destaca como una propuesta fresca, espontánea, sincera. Como una expresión de las ideas de un realizador.
Lo más interesante no radica en el poco menos que imposible descubrimiento de facetas inexploradas del mundo adolescente, ni en el gambeteo de las drogas o las búsquedas afectivas y sexuales: los personajes de Muccino también están metidos en sus propias búsquedas, anhelan enamorarse y tener sexo, fuman marihuana y son más o menos ingenuos. En la superficie, se parecen a los adolescentes de las comedias y los dramas mencionados. Sin embargo, si se escarba un poco (o si se mira con atención), la diferencia saltará a la vista. La naturalidad de los personajes y las situaciones, la profundidad para tratar algunos temas, la complejidad para referir las relaciones humanas y, sobre todo, la mirada del director y el compromiso con que los personajes persiguen algo en qué creer, todo esto transforma a Ahora o nunca en una película distinta.
Silvio es el protagonista. El que, en los primeros minutos, asiste con su grupo de amigos a una asamblea en su escuela, en la que se decide tomar la institución para protestar por la privatización de la educación y para contribuir a una toma de conciencia colectiva entre el resto de los compañeros de aula.
El móvil de la medida de fuerza, que luego concretan, se plantea con la misma ambigüedad que reina cuando intentan definir su ideología "de izquierda", dar sustento teórico a su amor por el comunismo y por Ernesto Che Guevara -cuya imagen flamea en sus banderas-, decidir quiénes son los "verdaderos enemigos", etc. Y no obstante, actúan. Silvio y los suyos no quieren quedar al margen de esa acción y, a pesar de las recomendaciones y amenazas paternas, participan de la toma. En tal contexto se produce una situación confusa que involucra a Silvio y a la novia de uno de sus amigos: las versiones sobre el beso que le roba a Valentina en una dependencia de la escuela se irán deformando hasta provocar peleas y ofensas entre todos los adolescentes implicados.
Esta situación forma parte de uno de los costados de la historia: la búsqueda personal de Silvio, que también incluye los conflictos que mantiene con sus padres. El otro costado es el reflejo de la militancia adolescente, el ansia por encontrar un objetivo por el cual luchar, la resistencia a aceptar que las causas sociales y las grandes ideas políticas están muertas.
Las dos aristas de la historia sintetizan la mirada de Muccino, su opinión. Entre los valores universales y comprometidos de la militancia y los valores personales (como el amor y la amistad), por momentos parece inclinarse hacia los segundos. Pero es sutil. Durante la toma, por ejemplo, se organiza una proyección de cine político que genera la concurrencia inmediata de los adolescentes al aula designada. Allí, el director nos muestra que pocos prestan atención a las imágenes sobre la pared. Su cámara recorre uno por uno a los demás, que indiferentes ante las gestas políticas se dedican a prodigarse mimos.
Si bien el guión tiene algunos momentos flojos (los diálogos de los chicos y las chicas en paralelo, al comienzo), en general resulta inteligente y prodiga momentos divertidos e irónicos que aluden a la militancia política en Italia desde los '60 en adelante.
Bien filmada y narrada, Ahora o nunca suma un elemento decisivo a la hora de alcanzar la naturalidad. Está interpretada por actores no profesionales, menores de 16 años, que en la vida real tomaron sus escuelas por diferentes motivos. En definitiva, habrá que tener en cuenta este dato antes de plegarse al coro que sentencia que los jóvenes del 2000 le esquivan el bulto a la militancia política. (Eugenia Guevara. www.cineismo.com)

1 comentario:

VICK RODRÍGUEZ GÓMEZ dijo...

buenas tardes, hay alguna restriccion para la entrada al ciclo de rock en las escuelas????hoy fui al cecyt 2 y no me permitieron la entrada, ademas de que el empleado se puso prepotente, de nombre víctor manuel salas dominguez, a quien se le pudio acceso para asistir a la película TINA y no accedio, espero su amable respuesta a vickrogo61@gmail.com, gracias anticipadas y quedo al pendiente, saludos